Mi equipo no está mal pero puede mejorar
Por John Rodríguez Poma · Publicado en Clave Interna
Un directivo llegó a mi oficina con una decisión encima. Llevaba tres meses dando vueltas a si reestructurar su equipo comercial. Había analizado datos, consultado con su gente, hecho proyecciones. Y seguía atascado.
En menos de una hora, el mentor identificó que el verdadero problema no era la estructura, sino su miedo a confrontar a dos gerentes históricos. Él no lo veía. Para él era un dilema de organigrama. Para el mentor, era un dilema de conversaciones pendientes.
Eso es lo que un mentor ve en una hora. Lo que el líder no ha visto en meses.
El valor del mentoring ejecutivo como atajo estratégico
El mentoring ejecutivo no es formación. No es un curso ni un programa de desarrollo genérico. Es un espacio de contraste donde un líder con experiencia te ayuda a ver lo que tu posición te impide ver.
En una hora, un mentor puede:
- Identificar el patrón que repites sin darte cuenta.
- Señalar la conversación que llevas evitando.
- Poner nombre al miedo que disfrazas de análisis.
- Devolverte la claridad que perdiste en el ruido del día a día.
Los líderes que trabajan con mentores no aprenden más. Aprenden mejor. Y sobre todo, aprenden más rápido.
Por qué el líder no ve lo que el mentor sí
No es falta de inteligencia. Es falta de perspectiva.
Cuando estás dentro del problema, tu cerebro filtra información para reducir la ansiedad. Te enfocas en lo urgente, no en lo importante. Justificas lo que haces porque «siempre se ha hecho así». Y evitas lo incómodo porque ya tienes suficiente presión.
El mentor no tiene esas limitaciones. No vive tu política interna. No depende de tus resultados. No necesita quedar bien con nadie. Su única función es ayudarte a pensar mejor.
Qué cambia en una hora de mentoring
He visto ejecutivos entrar en una sesión con un nudo en el estómago y salir con tres opciones claras. No porque yo les haya dado la respuesta, sino porque entre los dos desmontamos el problema hasta dejarlo en sus piezas reales.
En una hora de mentoring suele ocurrir esto:
- El líder se permite decir en voz alta lo que solo pensaba.
- El mentor devuelve una mirada sin juicio ni agenda oculta.
- Juntos identifican el punto exacto donde el líder se bloquea.
- La solución, muchas veces, ya estaba ahí. Solo necesitaba permiso para verse.
Tres señales de que necesitas esa hora
No todo el mundo necesita un mentor. Pero si reconoces alguna de estas señales, probablemente sí:
1. Llevas más de un mes con la misma decisión sin avanzar
No es falta de información. Es falta de claridad. Un mentor te ayuda a ordenar el criterio en una conversación.
2. Tus conversaciones más importantes están pendientes
Si hay temas que no abordas con tu equipo o con tu jefe, el mentor puede ser el ensayo general para esas conversaciones.
3. Sientes que giras en círculo con los mismos problemas
Esa sensación de «esto ya lo viví» es la pista. El mentor te ayuda a ver el patrón que repites y a salir de él.
Conclusión
No necesitas meses de terapia ni programas costosos para empezar a ver con claridad. A veces, solo necesitas una hora con alguien que ya ha estado donde tú estás y puede decirte: «por aquí no, mira mejor por allá».
El mentoring ejecutivo no es un lujo. Es un atajo estratégico para líderes que entienden que el tiempo cuesta más que una conversación.
Si esta hora puede cambiarte el resto del año, ¿por qué seguir esperando?
Lo que un mentor ve en una hora puede cambiarte los próximos seis meses. No se trata de saber más, sino de ver mejor. Y eso se acelera en conversación.
— John Rodríguez Poma
📩 ¿Te gustó el artículo?
Suscríbete a nuestro Newsletter Ejecutivo y recibe cada semana análisis exclusivos, herramientas descargables y respuestas a preguntas reales de líderes como tú.
Al suscribirte aceptas recibir correos con contenido exclusivo. Puedes darte de baja en cualquier momento. Política de Privacidad.